Manuel Pereira

Podólogo, osteópata y fisioterapeuta Sevilla

Director Biomecánica de la Unidad de Medicina del Deporte

Hospital Victoria Eugenia Cruz Roja

fisioterapia infantil

Pronación y supinación

Pronación y supinación. Estas 2 “palabrotas” han dejado de serlo para convertirse en un término familiar para muchas personas, principalmente ligadas al mundo del deporte y del atletismo o running en especial.

Conocer nuestro tipo de pisada y si somos supinadores, pronadores o neutros, nos va a ayudar indudablemente a mantener un patrón postural correcto que disminuye sensiblemente el riesgo de padecer lesiones tanto en los pies, como en miembros inferiores y columna en general.

Ambas hacen referencia al movimiento de la articulación subastragalina (articulación compuesta por astrágalo y calcáneo).

Pronación o pie pronador

En el movimiento de pronación, en líneas generales, se podría decir que los huesos del talón tienden a volcar hacia dentro, ocasionando una reacción en cadena donde cabría destacar 5 aspectos fundamentales que podrían presentarse:

  1. Descenso del arco longitudinal interno del pie:

    Distensión mecánica del músculo tibial posterior y flexores de los dedos. Aumento del riesgo de fascitis plantar, metatarsalgias y deformidades de los dedos como juanetes o dedos en garra.

  2. Tendencia a la torsión tibial interna asociada a la rotación interna del miembro inferior:

    Mayor predisposición a lesiones de rodilla y desequilibrios de músculos de la cadera, en especial piramidal y glúteo medio.